Antes del método, hubo un camino. Y lo caminé completo.
Una niña, sus muñecas y un pizarrón imaginario.
Antes de los títulos, las certificaciones y el método, había una niña en México que llegaba de la escuela, acomodaba a sus muñecas y les enseñaba todo lo que había aprendido ese día. Enseñar siempre fue mi manera natural de estar en el mundo.
Pero en casa le dijeron a mi mamá que ser maestra no tenía futuro. Así que guardé esa vocación en un cajón y tomé el camino que sí parecía seguro: el turismo y los idiomas, que también amaba. Lo que nadie sabía es que ese "desvío" me estaba preparando para algo que todavía no existía.
La industria del horario de entrada sin horario de salida.
Estudié Administración Hotelera y Turística con doble titulación internacional en Francia, y me formé profesionalmente en la industria más exigente que existe. Ventas, atención a clientes de alto nivel, banquetes y eventos de negocios, pasando también por telecomunicaciones y banca.
Sé lo que es pasar un reporte de ventas, resolver el problema del cliente antes de que escale, responder a un manager y competir por el siguiente puesto. Tracé mi propio plan de carrera, me certifiqué con estrategia y escalé peldaño a peldaño. La estructura corporativa que hoy viven mis alumnas, yo la viví desde adentro. Por eso las entiendo como nadie: no desde la empatía teórica, sino desde la experiencia vivida.
Me ofrecieron el ascenso. Y dije que no.
Por fuera, mi camino se veía sólido: llevaba más de dos años en banca y finanzas y me acababan de ofrecer un ascenso. Pero antes de responder, miré a mi alrededor. Vi managers que no disfrutaban lo que hacían, y me vi a mí, en una etapa en la que ni siquiera había tenido vacaciones. Ahí entendí una verdad incómoda: ese ascenso no me acercaba a la vida que yo quería, me anclaba a una que no era mía. Así que dije que no, e hice el famoso pivot: dejé la seguridad de lo conocido para ir detrás de lo que de verdad amaba, que era viajar, los idiomas y enseñar lo que sé, y me mudé a Estados Unidos, donde me reencontré con el aprendizaje y con algo más profundo.
Yo también fui English learner. Y viví en carne propia que allá afuera el inglés se enseña para pasar exámenes, no para impulsar carreras.
En 2015 uní mis dos mundos: la vocación de enseñar que nunca se fue, y la experiencia corporativa que sabía leer como pocas. Desde entonces no he parado de formarme: maestría en enseñanza del inglés, CELTA, PNL, neuroeducación, coaching de vida y de carrera, entrenamiento vocal y el arte de hablar en público. De esa suma nació el Growth Learning Method™, y con él, Inglés con Annie.
Cada experiencia que parecía no tener propósito me estaba preparando para esto: ayudarte a que tu voz llegue tan lejos como tu talento.